Dos guitarras viejas acariciándose.
Exquisitamente dulces.
Él se detiene. Ella lo deja.
Manifiestan su inmortalidad
abrazándose.
Sus piernas en tijera.
Esas columnas jónicas doradas.
Esa sonrisa abriendo el día
en su almacén.
El incendio eterno en su falda.
Cuando le cuenta a su detective.
Como un gato en sus ojos.
Un perro de porcelana
en la vidriera
me sorprende con el reflejo de tus ojos.
Así te ví la primera vez.
Un eco de jade al cruzar la calle.
Frente a la tienda de antigüedades.
Entre jarrones chinos que florecieron.
Biombos de laca que te ocultaron.
Doncellas en los cuadros que
se sonrojaron por tu presencia.
Y el piano Steinway que inició su vals.
Y el carrousell que giraba mareado.
Eché andar con el perro de jade
entre mis manos.
Hoy duerme a mis pies.
Una mujer húmeda en tierra muerta.
En la zanja vestida de trinchera.
Entre carrouseles de deseos.
Abismados sus héroes y fantasmas.
Abre las cortinas, las despeja
para que entre quien quiera entrar.
Para viajar a la isla del guiño de luz.
Mientras diseña crucigramas que salvan vidas.
Bajo de mi cama en cueros
sin saber qué día es.
Llego al baño y abro la ducha
como cada mañana.
El frío del agua me traiciona
y el cuerpo me denuncia.
Las toallas estan húmedas
y me seco con un viejo pantalón.
Quiero escuchar música
pero la radio se apaga.
Tiene tan poca pila
que desaparece.
Con tu recuerdo en el eter.
El agua esta fría.
No veo muy lejos.
Miro por las hendijas.
Que consigo abrirle a la vida.
El agua esta fría.
No voy muy lejos.
Voy detras del día que inicia.
A buscar su sentido.
A recordar y a olvidar mi nombre.
Entre el ruido de autos, oficinas,
carteles que caen.
A correr en la calle.
A buscarte.
Llego a casa
y abro la ducha como cada noche.
El agua rebota en la cortina
y salpica a mis pies.
Cambia el día y no cambia el sueño.
Cambia el sueño y no cambia el día.
El agua esta fría.
No veo muy lejos.
Cambia el día y no cambia el sueño.
Cambia el sueño y no cambia el día.
El agua esta fría.
No voy muy lejos.
Allí, te sentaste desterrada,
bendecida en el piso de losa fría,
entre sillas de tiza dibujadas
con la mirada fija
esperando el anuncio del nuevo día.
Stonehenge
corrientes que rompen olas.
Vitraux de sensaciones.
Stonehenge
ruinas de los recuerdos.
El vuelo de las aves.
Pasos cortos y pasos largos.
Amanece cuando vas al reencuentro.
Ecos dentro de ecos.
Llegados de las tierras de montañas
acampan en el río
refulgen
como odres de bosques sin tala.
Apuestan cabalgatas de acero
los niños,
que vitorean a su paso
a los Guerreros de Alázar.
Ecos dentro de ecos.
Recrean su letanía.
El fulgor de sus escudos.
El reflejo en su frente.
El fragor de sus corceles.
En su nombre
los dioses hacen guardia alrededor.
Los llevan hacia tierras prometidas.
A los encantos perdidos.
A una fonseca de espadas magnas.
A una eterna tradición.
Ecos dentro de ecos.
Labriegos aturdidos
en montes de acechanzas
los ven pasar.
A los 11 guerreros de Alázar.
Regueros de voces asolan los caminos.
De acongojados tenderos a su vera.
Es abril, mes de guerras silenciosas
de naves invisibles, de regresos talentos.
Ecos dentro de ecos.
Los gentiles duermen sueños de retornos.
"Es tiempo",
cantan las canciones.
Allí han sido vistos, años ha.
Música: folk base en Re
Sueño en sus ojos de ámbar.
Envuelta en tules de sones cáucasos.
La piel impresionista de laderos
de un esmalte eterno.
Acaricia el viento campanas
que despiertan el templo sin rezos.
Las gárgolas bajan de su nido avaras
para beber de tus manos.
Suerte de panes de creyentes
en aguas se abren al partir.
Nadan en tu desierto de voces
cuentos erizados de pesebres.
Soles negros y neones
amordazan tu silencio.
Mieces de sueños galgos
rompen el sinfín de tu mirada.
Anuncian un eclipse de ojos claros.
Las emociones del aire.
La lluvia de tu coro esclavo.
Las elipses del amanecer.
Música: arpegios en plan spntt (ok)
Las olas traen cosas plásticas
botellas, ruedas, gitanas,
anzuelos enredados en nylon,
piedras de todos los tiempos.
El mar toca tu piel en otro mundo.
Un encuentro sin esperanza.
El inescrutable azar.
Camino a tu vera.
Me pregunto ¿quién soy?
Contra toda posibilidad
tengo arena en los pies.
Esa corte de zánganos con cola
No me deja caminar en paz
Siempre alguno husmeando
Olisqueando el pantalón.
Barriéndome con su rabo.
Parezco la proa de un tren loco
De vagones perros
Que no para de descarrilar,
Repartiendo pulgas políglotas
En cuerpos de circo al azar.
Una jauría boba y callejera
De malabaristas plebeyos.
Yo no sé, o todos los perros me siguen
o es que vamos al mismo lugar.